Queremos ser madres y trabajar no ser superwomans

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Efectivamente. Hoy es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde hace más de cien años se viene celebrando este día. Las reivindicaciones de aquellas primeras mujeres luchadoras se centraban en reclamar el derecho al voto femenino, el acceso a estudios superiores y a altos cargos y poder trabajar en igualdad de condiciones que los hombres.
Cien años después, podemos decir que algunas de aquellas demandas se han conseguido en buena parte del mundo civilizado. Las mujeres podemos votar, ir a la universidad y trabajar en cargos de responsabilidad. Todo esto está muy bien, no digo que no. Y hay que rendir un sincero homenaje a todas aquellas mujeres que lucharon de muy distintas maneras para conseguir algo básico para nosotras: respeto.
Pero el camino no ha terminado, ni mucho menos. Las mujeres de hoy en día podemos estudiar, trabajar, vivir independientes económicamente hablando y todo eso está muy bien. Pero ¿y las mujeres que, también, quieren formar una familia, ser madres y, sobre todo, dedicar parte de su vida a sus hijos? Estas han quedado olvidadas de muchas reivindicaciones.
Durante años se luchó porque la mujer pudiera salir del hogar sin preguntarnos qué sucedería dentro del mismo. Lavar la ropa, sí es cierto que lo puede hacer cualquiera, y desde la llegada de los electrodomésticos, ya no hay tareas femeninas ni masculinas. Pero parir, hasta que la naturaleza o la ciencia no demuestre lo contrario (espero que ese momento nunca llegue, para ser sincera), las mujeres somos las únicas que podemos traer a los niños al mundo, darles de mamar, y ofrecerles esa protección básica y primigenia que nadie más puede conseguir.
Están muy bien todas las leyes de conciliación que hasta el momento se han conseguido pero aun falta mucho mucho camino por recorrer. Y no sólo en lo que a leyes se refiere, también en el respeto de la sociedad en general a la mujer – madre en particular. Porque las mujeres que nos quedamos en casa años de nuestra vida laboral para cuidar de nuestros hijos no estamos de vacaciones; porque las mujeres que trabajamos a media jornada no lo hacemos para ir después a jugar a paddel; porque las mujeres que trabajan y tienen hijos enfermos no se quieren quedar en casa para ver el culebrón de las doce. Y esos comentarios, por desgracia, no me los invento.
En definitiva, que sí, que me parece muy bien que celebremos el haber alcanzado la libertad social y económica que todo ser humano se merece, pero no a costa ni de nuestros hijos ni de nuestra salud (física y mental). A menudo hablamos de ser una “superwoman”. Oye, pues yo no veo muchos hombres con el trajecito de licra y la capa por la calle. Que sí, que haberlos hailos, que ahora no se me tire la caballería encima.
Pero yo, personalmente, ahora que precisamente he llegado a un punto en el que mi cuerpo me está pidiendo a gritos que pare, que deje de demostrar que yo sí que valgo, creo que no, que las mujeres no tenemos que ser superwomans, tenemos que ser simplemente mujeres, trabajadoras, madres, o lo que queramos en la medida que deseemos. Sin pretender llegar a todo porque al final no llegaremos a nada. Y exigir, sí exigir, un respeto por nuestra tarea, a menudo titánica en nuestro día a día como madres trabajadoras.
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