Louisa May Alcott | Estudio biográfico-grafológico

Por Sandra Ferrer y Sandra Cerro

A lo lejos, allí donde brilla el sol,
están mis más anhelados sueños.
No puedo alcanzarlos, pero puedo buscarlos y ver su belleza,
creer en ellos, y tratar de seguir la senda que me conduce hasta allí

Ella se retrata a sí misma como la protagonista y modelo de un excepcional viaje interior. La mirada introspectiva que Louisa May Alcott deja ver en su escritura, rompe con el modelo caligráfico clásico imperante en el siglo XIX que, arrastrado por la cadencia natural de la pluma, se deja llevar por sentimientos y pasiones hasta desbordarse. Muy al contrario, la pluma de Louisa se repliega hacia el interior, hacia el cajón secreto donde anidan los sentimientos más profundos y ocultos, los anhelos del alma. No en vano, Louisa escribió muchas de sus obras bajo un pseudónimo, A.M. Barnard, en las que dio rienda suelta a esos sentimientos más profundos. Louise escribió oculta tras ese nombre falso historias apasionadas de amores prohibidos que terminaban en venganzas o tragedias.

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(Imagen: Manuscrito de L.M Alcott. The Proyect Gutemberg. http://www.gutenberg.org)

Pero Louisa debió ser una mujer muy anclada en unos valores familiares y tradicionales, que fueron utilizados en muchas de sus obras moralizantes y políticamente correctas.
Educada por su propio padre, un filósofo trascendentalista y por escritores de la talla de Henry David Thoreau, su escritura da buena muestra de ello y revela, además, una constante lucha de la prudencia, el apego a lo conocido, la introversión y la conciencia moral, batallando sin cesar contra un floreciente y callado deseo de huída y expansión. Un deseo que evocaría bajo aquel pseudónimo de A. M. Barnard pero que tuvo que silenciar como Louisa para poder mantener a su familia.
La segunda de cuatro hermanos de unos padres con grandes convicciones e ideales pero con grandes dificultades también para alimentar a los suyos, decidió que la escritura sería su manera de ayudarlos. Mujercitas, publicada cuando Louisa tenía treinta y cinco años, fue su sueño hecho realidad. Curiosamente los personajes que aparecen en su famosa obra recuerdan con clara transparencia su propia existencia.

El corazón se impone sobre la razón, pero la capacidad para cortar las alas a las pasiones es abrumadora.
Afortunadamente para Louisa y también para el mundo y la historia de la Literatura, esta represión de la pasión encuentra su vía de escape por el flanco de la creatividad, el idealismo, y un mundo de ilusiones inocente, limpio, honesto y realista, muy particular.

Un pequeño reino poseo,
donde pensamientos y sentimientos moran,
y dura es la tarea de gobernarlos,
ya que la pasión es tentadora,
y engañosos los caprichos,
y el egoísmo moldea su sombra
sobre todos mis hechos y palabras.
¿Cómo aprender a gobernarme,
para poder ser la niña que debería,
honesta y valiente,
no siembre cansada por tratar de ser buena?
¿Cómo puedo mantener el alma soleada,
para brillar por el camino de la vida?
¿Cómo puedo templar mi pequeño corazón
para poder cantar dulcemente todo el día?

Integridad, sencillez y honestidad definen la personalidad de esta mujer abierta, que sabía desnudarse con cada uno de sus actos y palabras, mostrándose tal cual, sin tapujos, máscaras o ataduras. Así era, sincera y transparente, coherente e íntegra, convencida de su verdad y de su forma de ser, aunque de puertas para afuera pudiera parecer vulnerable, apocada e introvertida.

Era una mujer sociable, afectuosa y expansiva, pero prudente y siempre con la mirada puesta en su envolvente mundo interior, al que acudía a replegarse con más frecuencia que a los encuentros sociales. Tenía una discreta elegancia y debió ser un buena conversadora, respetuosa para con las opiniones de los demás, prudente y capaz de absorber conocimientos, ideas, percepciones y emociones en todos los ámbitos de su recogido mundo. Era una mujer idealista, sin ser fantasiosa, capaz de mantener los pies sobre la tierra mientras daba alas a la imaginación, y con una extraordinaria emotividad y sensibilidad para captar la vibración de la vida palpitante a su alrededor, y sacar provecho creativo de ello. Mujercitas es un gran ejemplo de ello pues a través de sus páginas podemos vislumbrar una preciosa ventana a la sociedad estadounidense del siglo XIX.

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(Imagen: Manuscrito de L.M Alcott. The Proyect Gutemberg. http://www.gutenberg.org)

Otra palabra que define la personalidad de Louisa May es candidez. No hay rastro de maldad en el recorrido de sus trazos, sino que estos fluyen con la serenidad de un riachuelo tranquilo, pausado, entregado a la inercia inevitable de la vida, pero aportando, a la vez, su murmullo irrepetible y genuino.

Características todas ellas que definen a una gran escritora que dedicó su vida a cuidar de su familia y lo hizo gracias a su brillante pluma.

Si queréis más información sobre grafología podéis visitar la Web Centro de Grafología Sandra Cerro

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