El bolso de Mamy Poppins‏

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No. No me he equivocado al escribir el título. Hoy os quiero hablar del fantástico y maravilloso mundo de los bolsos femeninos una vez dichas féminas se convierten en sufridas y hacendosas mamás.
Cada vez que me compro un bolso, el cachondeito de los que me conocen está servido. ¿Otro? ¿Tan grande? Mejor cómprate una trolley. Con risitas por lo bajines, claro está.
Sí, me encantan los bolsos, eso es una debilidad más allá de mi estado actual de madre. Pero en los últimos tiempos los modelos a escoger se han ceñido a los de formato mochila o mega-bolso.
Y al final, por muy bonito que sea el complemento en cuestión, una no deja de sentirse un tanto “caracol” o burrico con amplias alforjas. Convertido en un auténtico agujero negro, de su interior pueden salir cosas tan dispares como cuatro pares de gafas de sol; otros tantos paquetes de clínexs, un caramelo a punto de salir del bolso por su propio pie, pegado al fondo de lo pegajoso que se ha quedado; una libreta, un boli, un lápiz, una agenda, el monedero, las llaves del coche, las llaves de casa, el neceser en cuyo interior (a lo matrusca rusa), aparecen tiritas, ibuprofenos, coleteros, clips… en una ocasión pensé en colocar el bote de Dalcy pero no hay formato – bolso (ahí lanzo propuesta para sus creadores).
Seguimos. Mis gafas de ver (que ya voy como las abuelicas con las lentes de cerca), un caballo de plástico, las cartas de Pokemon, una pulsera medio rota, un confeti de la cabalgata de reyes de vaya usted a saber qué año. Y un laaaaaargo etc.
Claro que cuando intentas sacar algo de ahí dentro, con la (im)paciencia que caracteriza a nuestros pequeños, el brazo me empieza a temblar. Mama, ¿me das las cartas de Pokemon? Ah, pero las tengo yo. Siiiiii, mama, las he metido yo en tu bolso. Aaaaaah. Vale. Pues espera que busco. Mama, a mí dame agua, que tengo sed. Claro, el agua, que varias botellas también se encuentran por ahí al fondo, junto al tupper de galletitas por si a alguien le coge hambre.
Vamos que, igualito que los fondos de armario, los fondos de nuestros bolsos femenino-maternales, son inacabables.
A veces pienso que si algún día tengo que ir de boda con una de esas jaboneras tan remonas en las que sólo cabe el pinta labios, tendré un serio problema.
Cuando era pequeña me encantaba ver esa escena de la película “Mary Poppins” (esta vez sí), en la que colocaba el bolso en una mesa y empezaba a sacar cosas tan exageradas como un espejo o una planta. Tiempo al tiempo. Que algún día me encuentro dentro de mi bolso un ficus. Todo se andará.
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