Cuando estás un poco pocha…

pocha

… en palabras de mi pequeña princesa, te das cuenta de lo importante que eres en el pequeño gran mundo de tus hijos. Llevo una semana hecha un moquillo con una fiebre que me ha dejado totalmente K.O. y una sinusitis que me está desquiciando por momentos. Y no porque no me guste encontrarme mal, bueno, no me apasiona, pero es desesperante cuando sabes que tus pequeños están esperando pacientemente que mamá se ponga buena.
Y es que es en momentos como este que te das cuenta de lo buenos que son los niños, que saben reaccionar en situaciones anómalas y que deberíamos confiar un poquito más en su infinita bondad. Estos días que mi cuerpo ha dejado la forma en el colchón, mis hijos no han parado de entrar en la habitación a preguntar si ya estaba buena, a usar el fonendo que les ha dejado su padre y a inundarme de dibujos y mensajes tan preciosos como el que hoy ilustra la entrada del blog.
Sentaditos a mi lado, calentando mi cuerpo febril con mil besitos y abrazos y dándome una mano con la que me han transmitido fuerza, energía y amor, mucho amor.
Espero que estos malditos seres microscópicos terminen pronto destruidos por las pastillas que hartita estoy ya de tomarme y volver a la tan preciada rutina diaria al cien por cien.
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