¿Por qué lloran los niños?‏

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Una pregunta sencilla y también con una respuesta sencilla. Porque nos necesitan. A lo largo de estos años de tener a mis pequeños me he hartado de oír sandeces, y siento decirlo así, del tipo “te está tomando el pelo”, “lo vas a malcriar”, “llorar abre los pulmones” o “ya se cansará”.

Suerte que también escuché el primer día de vida a una fantástica enfermera decirme con gran contundencia, “si llora, cógelo”. 

Al margen de opiniones y consejos que, como yo, todas las madres hemos tenido que sufrir y soportar, siempre he creído que el llanto de un bebé no es una gracia inventada por la Naturaleza. No creo que tenga semejante sentido del humor tan cruel y despiadado. 

De la misma manera que los seres humanos nos comunicamos con palabras, gestos y otras herramientas de interrelación, un bebé que no puede hablar y gracias si puede mover ligeramente sus piernecitas y sus bracitos, sólo le queda un recurso para gritarle al mundo lo que su pequeño y frágil cuerpo necesita para subsistir. 

Es impresionante como después de horas de escuchar llorar a tu hijo (sumadas, se entiende, no todas de golpe), te percatas que aunque pequeño, es capaz de “hablar” con el llanto. Es decir, que según tenían hambre, sueño, estaban intranquilos, emitían unos sonidos totalmente distintos. Y sólo tú, y pocas personas más, eran capaces de descifrar tan fantástico lenguaje.

Si los bebés no lloraran para comer cuando lo necesitan, para pedir dormir, para avisarnos que les sucede algo o simplemente que quieren estar en tus brazos, es probable que su supervivencia se viera seriamente afectada.

El problema de todo radica cuando hay quien quiere hacerte creer que cuando llora y sólo quiere que lo cojan es porque es un ser maligno que ha venido a este mundo a controlar tu vida y a dominarte a su placer. Pues no. El abrazo de una madre es también necesario para la salud mental de los niños. No soy psicóloga pero mi instinto maternal así me lo hace creer. Y no creo que una madre crea de verdad que ha parido a un ser maligno por naturaleza. 

Ahora que mis pequeños ya han superado la fase bebé, puedo decir que no creo haberlos malcriado por pasar largas noches en vela, llevarlos en brazos y desarrollar mis bíceps hasta límites insospechados o intentar consolarlos cuando lloraban sin saber muy bien por qué.

Simplemente, pongámonos en su situación y pensemos que si sólo nos pudiéramos comunicar llorando, pensaríamos que hemos llegado a un mundo muy cruel si nadie nos hiciera caso.

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