Plutarco, Catón y la lactancia materna

Grandes personajes de la historia antigua se nos presentan siempre dirigiendo estados, lidiando batallas o protagonizando grandes gestas dignas de los más importantes textos históricos. Pero estos personajes en mayúsculas tuvieron también una vida privada. Un hogar, una esposa, a menudo hijos a los que cuidar. Una historia que, por no tener la mayor relevancia política, estratégica o económica, ha quedado oculta o desaparecida para siempre. 

Hay sin embargo, textos antiguos que nos rescatan esos momentos y nos devuelven la humanidad de unos nombres fríos y demasiado estereotipados. Uno de esos textos son las Vidas Paralelas de Plutarco. En su obra, el historiador griego nacido en el primer siglo de nuestra era, recoge las biografías de distintos personajes destacados de la historia de Grecia y de Roma. 

Cuando Plutarco nos habla de Catón el Viejo, político y militar romano del siglo II a.C., protagonista de la Segunda Guerra Púnica, nos muestra su lado más humano y paternal: 

Habiéndole nacido un hijo a Catón, nada había para él de mayor importancia, como no fuese algún negocio público, que el hallarse presente cuando la mujer lavaba y fajaba al niño. Esta lo criaba con su propia leche, y aún muchas veces, poniéndose al pecho los niños de sus esclavos, preparaba así para su propio hijo la benevolencia y el amor que produce el ser hermanos de leche1.

Es revelador que a lo largo del extenso texto de Plutarco, a pesar de haberlo mirado varias veces, no aparece el nombre de la esposa de Catón, una mujer de la que se sabe que pertenecía a la gens Licinia. Una mujer como muchas otras que se decidió por la crianza personal de sus hijos. El que una madre no amamantara a sus hijos estaba mal visto. El uso de nodrizas a menudo se consideraba peligroso pues se tenía la creencia de que la leche traspasaba la personalidad o el temperamento de la mujer que amamantaba2.

A pesar de esos temores bien es cierto que las nodrizas aparecerían bien pronto en la historia, pues se conocen desde la Antigua Grecia. “Las mujeres romanas de la clase superior no amamantaban a sus hijos, pese a los deseos de los médicos”3. Pero esta esposa de Catón, no sólo optó por dar el pecho a su hijo sino alimentar con su propia leche a los niños de sus esclavos.

En este breve relato que nos transporta a un mundo pasado se nos habla también de una práctica que se extendió durante siglos: el fajar a los bebés. Es probable que aquel bebé varón fuera fajado comprimiéndole la cadera. Si hubiera sido niña seguramente se habría fajado apretando los hombros y el pecho pero no las caderas, con el fin de “lograr una pelvis grande”4. En un mundo en el que las mujeres morían de manera demasiado frecuente cuando daban a luz ante la impotente mirada de comadronas y médicos, se tenía la esperanza de que una mujer con la pelvis ancha facilitara el nacimiento de su hijo y así evitara su muerte y la de su bebé. 

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1. Vidas paralelas, Plutarco

2. Relaciones de género y lactancia materna. Leonor Gallardo. Pág. 120

3. Historia de las mujeres. La antigüedad. Georges Duby y Michelle Perrot. Pág. 367

4. Ídem. Pág. 342

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