Cuando Alfonso XIII quiso salvar el mundo

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Buscar en libros de historia información sobre Alfonso XIII supone la decepción de encontrarse con una figura histórica marcada por su exilio tras un gobierno incompetente. Luchas sociales, guerras inútiles y continuos conflictos entre los principales partidos políticos fueron la nota dominante del reinado de un monarca que ya nació siendo rey, pues su padre, Alfonso XII murió antes de que él naciera. En 1931 terminaba su existencia como soberano español y empezaba un largo exilio.

Pero Alfonso XIII hizo algo digno de alabar y que la historia ha olvidado de destacar. Durante la Primera Guerra Mundial, mientras España permanecía neutral, llegó al palacio real una carta de una mujer, una lavandera francesa, que pedía al rey de España que la ayudara a encontrar el paradero de su marido, desaparecido en el frente. Una carta sin duda sorprendente que Alfonso XIII no dejó sin respuesta. Algo todavía más sorprendente. Haciendo uso de su influencia y de sus contactos diplomáticos, el rey consiguió encontrar al marido de la lavandera, quien respondió al rey con una emotiva carta de agradecimiento.

El sorprendente hecho se habría quedado en curiosa anécdota si no fuera porque la historia se extendió por Europa y las peticiones de ayuda empezaron a llegar de manera ininterrumpida al Palacio de Oriente. Lejos de mirar hacia otro lado, Alfonso XIII decidió organizar todas esas peticiones y darles respuesta de manera ordenada. Era el inicio de la primera ayuda humanitaria conocida de la historia.

Alfonso XIII creaba en 1914 la Oficina Pro-Cautivos en unas estancias del mismo palacio real y financiada con el dinero del monarca para evitar identificarlo con ningún estamento oficial ni gubernamental. Un millón de pesetas y un alto número de entusiastas funcionarios, sirvieron para ayudar de distintas maneras a más de cien mil prisioneros de guerra de distintas nacionales y pertenecientes a los distintos bandos en conflicto. Hubo casos famosos como el bailarín ruso Vaslav Nijinski o el cantante francés  Maurice Chevalier. También grandes derrotas, como la intención de rescatar a la familia imperial rusa de manos de los bolcheviques o las desesperadas gestiones por detener la orden de fusilamiento de la enfermera Edith Cavell.

A pesar de que con el tiempo se intentó que la Oficina Pro-Cautivos recibiera el Premio Nobel de la Paz, nunca lo consiguió y su fama se fue diluyendo con el tiempo, ahogada por la nefasta gestión del país de Alfonso XIII.

Pero lo más importante no fueron los reconocimientos, sino todas y cada una de las historias personales que terminaron con final feliz gracias a la ayuda desinteresada de un país neutral y de un rey que creyó firmemente en aquella desconocida hasta el momento ayuda humanitaria.

El escritor Jorge Díaz, rescata del olvido aquel hecho honorable de la historia de España en su última novela, Cartas a palacio.

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