Las diaconisas primitivas

Esta semana el papa Francisco ha sorprendido al mundo con el anuncio de la creación de una comisión que estudie la posibilidad de incorporar a las mujeres en el ministerio del diaconado. Una decisión que no ha dejado impasible a nadie, siendo recibido con alegría por los sectores más modernos de la Iglesia y con recelo por los que abogan por mantener la tradición. Pero la figura de las diaconisas, en caso de ser aceptadas por Roma, no son una figura nueva. Ya en la Iglesia primitiva tuvieron un papel importante en las primeras comunidades cristianas.

Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo. En este fragmento de la Carta de San Pablo a los Romanos, en el Nuevo Testamento, aparece la figura de Santa Febe de Corinto, una mujer que habría abrazado la fe cristiana después de escuchar las predicaciones de Pablo, convirtiéndose en diaconisa, como él mismo nos explica.

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San Pablo otorga a Febe la Carta a los Romanos | Biblioteca Nacional de París (S. XII)

Sorprende descubrir que fue precisamente uno de los apóstoles considerados más misóginos, el que citara en las Sagradas Escrituras a una mujer que ejercía un papel destacado en las primeras comunidades cristianas. (Recordemos que en la Carta de San Pablo a Timoteo afirmaba claramente que a la mujer no le consiento enseñar ni arrogarse autoridad sobre el varón, sino que ha de estarse tranquila en su casa.)

En los primeros siglos de la Iglesia existieron mujeres que, como santa Febe, ejercieron un papel activo como ayudantes en la celebración de ritos y sacramentos, sobre todo en la celebración del bautismo de las mujeres, a las que desvestían para su inmersión en el agua. Las diaconisas se encargaban también de cuidar de los enfermos y de la recepción de los fieles en los templos.

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Santa Olimpia de Constantinopla

El Concilio de Nicea del 325 aceptaba su existencia pero dejaba claro que las diaconisas no pertenecían al estado clerical. Aunque hay dudas sobre la celebración de algún rito oficial de consagración al diaconato, en concilios y sínodos posteriores se siguió tratando su papel en la Iglesia.

Parece ser que desde los primeros años, las diaconisas estuvieron en el punto de mira de los hombres que no vieron con buenos ojos su función activa en los ministerios religiosos. De manera progresiva, las mujeres se vieron relegadas hasta que en la Edad Media su existencia fue un vago recuerdo. En el siglo XIII aún encontramos algunas diaconisas en Constantinopla pero sin jugar un papel activo, sino que ostentando simplemente un título honorífico.

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Santa Tatiana de Roma

Además de Santa Febe, son muchas las mujeres santificadas por la Iglesia Católica que se sabe que fueron diáconisas. Entre ellas, encontramos a Santa Tatiana de Roma, Santa Olimpia de Constantinopla, Santa Poplia de Antioquía, Santa Trifena de Roma y una larga lista de mujeres que quisieron seguir los pasos de Jesús ejerciendo un papel activo en la Iglesia Cristiana.

Ahora, veinte siglos después, la Iglesia de Roma ha dado un paso tímido hacia la incorporación de la mujer en papeles más activos en las prácticas sacramentales aunque ya hay voces oficiales que niegan que sea el primer escalón hacia la ordenación sacerdotal femenina.

 

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